Hostal de la Luz

Llegamos a este hostal de Amatlán, en Morelos, a una hora sin tráfico desde la Ciudad de México, sin saber a donde llegaba, lo que evitó prejuicios, Eduardo se había encargado de la reserva. Sentí buena vibra y eso me relajó con respecto a todas las actividades incluidas y frases como “la nueva conciencia” y “el despertar del 2012”, o los símbolos religiosos de múltiples culturas, conviviendo en paz en los rincones del jardín. Fue una semana de yoga, chi kung, movimientos tibetanos, meditaciones, piscina, sauna y de cielos azules y cielos estrellados. De mucha lectura y algunas conversaciones.
El cambio de espacio y de rutinas modificó la percepción del tiempo, la semana se hizo eterna en su devenir y hoy domingo, ya en casa, se tranformó en un punto, como todas las semanas del pasado.


Cada amanecer la intensidad de los sueños modificaba la textura del día, así como la luz del atardecer transformaba el paisaje. Soñar.

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